domingo, 26 de agosto de 2012

Volvió.

Dormía, alejada de los ruidos que llevaban convirtiendo su vida en un horrible campo de batalla durante hacía tantos meses ya. Recostada en su cama de agua, de lágrimas, de pesadillas y sollozos, daba vueltas y vueltas tratando de encontrar entre sus sábanas, ya vacías de todo latir, algún suspiro de paz, algún comienzo de un sueño extraviado que llenara aquella noche su triste existir.
De repente, pasó algo inesperado.
Sintió un tacto de seda acariciarle la espalda, lentamente, como alguien inmortal decidido a invertir toda su vida en ello. Dibujaba la línea de su silueta bajando y subiendo, siguiendo el compás de su respiración entrecortada.
Se giró al ser consciente de que realmente alguien se encontraba allí.
Y le vio.
Después de casi un año se cruzaba con sus ojos color miel, color tierra, color chocolate, color dulzura.
Se encontraba perdida en el lugar mas bello del mundo, y sintió que quería permanecer en ella para siempre, en aquella mirada que tanto había anhelado.
Bajó la vista algo mareada y sintió como su corazón dejaba de existir por un instante al ver su boca. Su boca... templo de la locura, sus labios rosados y húmedos que la incitaron a que sus dedos los tocaran con picardía, haciendo que estos quedaran entreabiertos.
Ahora notaba como su corazón resucitaba y luchaba por salir de su pecho.
Él se acercó a ella, repitiendo los mismos pasos con sus labios. Pasó su largo dedo por su labio superior, dejando que su lengua lo mojara lentamente al introducirlo dentro de su boca.
-Te he echado de menos.
Escuchar su voz hizo que se le erizase el vello y soltara un largo suspiro.
Acto seguido, sintió como cogía su cintura con delicadeza y la atraía hacia él.
Se quedaron mirándose el uno al otro mientras sentía que su mundo dejaba de girar.
Quería decirle tantas cosas, tenía la necesidad de pegarle, enfadarse, gritarle... Pero solo alcanzó a decir "Te he odiado tanto..."
Y sus labios se encontraron, como cuando la lluvia penetra la superficie del mar y el viento mueve cada una de las cientos de hojas que forman los árboles.
Sentía como todo su cuerpo abrazaba el alma de aquella persona por la que tantas lágrimas había derramado, y sentía como se encontraba con la suya, cómo se hacían el amor en un lenguaje que solo los sentimientos mas puros son capaces de llegar a entender.
Su piel tostada abrigaba la suya, blanca y delicada. Y se hicieron uno, rodeados de recuerdos, sumergidos en todo lo que habían llevado dentro durante tanto tiempo distanciados.
Salía fuego de sus cuerpos, el deseo sobrehumano escapaba por sus poros, plasmado en los golpes que su cama emitía al chocar contra la pared.
Gemía de placer al pensar que volvía a la vida mientras su lengua viajaba por el cuerpo que albergaba su ser, saboreando los días y sonrisas que le esperaban estando a su lado de nuevo. Las charlas de siempre, las caricias de siempre, los besos de siempre, las discusiones de siempre, las reconciliaciones de siempre...
Llegados al éxtasis, se abrazaron y sus miradas se volvieron a cruzar, a la vez que su voz rompió de nuevo el silencio para decir "Te amo, te amo mi vida, siempre te amé".
Y yo, y yo... Deseaba decir. Pero no podía, no le salia la voz. Presa del pánico se enderezó sobresaltada y tras aspirar una fuerte bocanada de aire, por fin, pudo soltar un suave y casi insonoro "Yo también".
Pero él ya no estaba allí.
La luz se colaba en su habitación por las rayitas de la persiana, dando la impresión de que se encontraba de nuevo en la misma cárcel de siempre. Sola, en su cama, acompañada únicamente por el silencio, el sudor de sus sábanas, sus recuerdos y una lágrima que le recorría la mejilla. 


                       

2 comentarios:

  1. Me ha recordado a una novela erótica pero con un toque oscuro, paranoico y muy nostálgico. Ha estado guay.

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