Hoy vengo a hablar de la vida, porque, a fin de cuentas... ¿De qué si no?
La vida es esa hija de perra que nos mantiene enganchados, ese túnel con luz al final.
La vida es un sueño que no tenemos el valor de cumplir.
Son oportunidades perecederas.
La vida es música. Son las alas hasta el limbo y los pecados hacia el infierno.
Ya la vida nos ha descolocado, nos ha enloquecido, nos ha vuelto eufóricos, ya la vida nos ha dado la espalda.
Entonces, si tanto sufrimiento envuelve esa palabra que es "vida", ¿por qué seguir? ¿Dónde está la cuestión?
La cuestión está en saber sonreír cuando despiertas y ves la luz del sol un día más.
Seguir adelante por el simple hecho de que cada amanecer es una vida nueva, porque el ayer no va a volver.
La cuestión es amarte a ti mismo. Verte capaz de escapar del dolor, de trepar al siguiente escalón por muy alto que esté.
Ser consciente de que sólo tú mismo puedes hacer que todo lo que te disgusta se ponga a tu favor.
La cuestión es tener abierto el corazón, ser traslúcido, vivir como si jamás te hubieran engañado, como si jamás hayas querido desaparecer debido a alguien.
¿Y quién es capaz de conseguir esto último? ¿Cómo olvidar esa falta de fuerzas, ese valle de lágrimas, esas ganas de gritarle al mundo el asco que te da?
El mundo se basa en millones y millones de mundos que somos cada uno.
No existe un atardecer igual a otro, como tampoco existen dos mundos iguales.
Si no guardásemos la esperanza de que en otro mundo podamos encontrar todo lo que en el anterior se pudrió, si no mantuviéramos ese pequeño hilo de esperanza en encontrar en ese otro mundo todos los pedazos en los que se deshizo tu propio universo... ¿Cómo entonces podríamos no soltar la cuerda y tirarnos al vacío?
La cuestión final está en ser fuerte, en hacerse fuerte con cada uno de los ladrillos que caen de este muro que nos encargamos de construir a lo largo de toda nuestra vida. Sonreír, no perder la ilusión jamás, no dejar que nadie llene de tinieblas lo que nació siendo luz.
Me ha llegado muy hondo estas palabras tuyas, en serio, me ha hecho reflexionar.
ResponderEliminarCuánto me alegro (:
EliminarEs increíble como empiezas diciendo que la vida es una hija de perra para luego decir que debemos querernos a nosotros mismos. Algo... que llama la atención xD Mas que nada porque no me esperaba eso, ya que pensé que todo iría sobre una férrea critica a la vida.
ResponderEliminarAunque el texto me parece interesante, debo decir a que veces no basta con solo eso. Hay cosas que por mucho empeño que le pongamos, no van a cambiar nada. No puedes mirar de color rosa algo que es de color gris. Apelar al hecho de amarte a ti mismo y pensar que mentalizandote vas a "trepar al siguiente escalón por muy alto que esté" puede ser verdad pero eso se conoce (o yo lo conozco) como efecto placebo. Puede valer... pero no tiene lógica. O peor, no funciona para las demás personas.
No quiero decir que este mal lo que dices, es simplemente un pequeño punto de vista y una opinión. Por lo demás, buena entrada!
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
EliminarTe agradezco que me des tu punto de vista, Mario, pero yo mantengo el mío. La vida me sonríe más cuando he pasado a verla como describo en esta entrada, y considero que empezar a quererse a uno mismo y verse capaz de superar lo que sea y alcanzar las metas propuestas es el primer paso para conseguirlas.
EliminarObviamente hay cosas que nosotros no podemos cambiar, pero en esta ocasión hablo de las que sí, que de hecho son más de las que pensamos.